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Violencia Emocional Infantil

Elaboró: Betzabé Arreola Mtz
Imagen: Felipe Pizarro

Concepto

Maltrato Infantil

La Organización Mundial de la Salud define el maltrato infantil:

…los abusos y desatención que son objeto los menores de 18 años, e incluye todos los tipos de mal trato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo que, originen un daño real o potencial para la salud del niño, su supervivencia, desarrollo o dignidad en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder.1)

Existe maltrato infantil cuando un menor de 18 años, niño, niña o adolescente es agredido o abusado poniendo en riesgo su salud física, mental, sexual o su seguridad, cuando dichas conductas son ejecutadas por parientes u otras personas responsables del cuidado de ellos, produciéndose estos actos por acción, omisión o negligencia.

El maltrato a los niños, niñas y adolescentes en la familia es un grave problema social, que nace de prácticas culturales y de mantener relaciones disfuncionales psíco-emocionalmente, que se encuentran en la historia de vida de los integrantes de la familia y que se continúan produciendo por generaciones sea cual sea el nivel económico y/o escolar.2)

Definición

La palabra “maltrato” está formada con raíces latinas y significa “acción y efecto de hacer daño u ofender”. Sus componentes léxicos son: male (mal, malamente), tratare (tratar).

La palabra viene del latín infans, infantis (nominativo -infante- y genitivo -del infante- de singular). Está compuesta por el prefijo in-, de negación, y por el participio presente del verbo fāri: «hablar».​ Así empezó a referirse a los niños pequeños cuando todavía no han aprendido a hablar.

Se distinguen los siguientes tipos de maltrato:

  • Maltrato físico
  • Negligencia
  • Abuso sexual
  • Maltrato emocional

Definición de cada tipo de maltrato

Maltrato físico: toda acción voluntariamente realizada que provoque o pueda provocar lesiones físicas.

Negligencia: la omisión de una acción necesaria para atender el desarrollo y el bienestar físico y psicológico de un menor. La negligencia intrafamiliar viene a identificarse con el abandono de las obligaciones que socialmente son encomendadas a los padres o tutores de un menor.

  • No se proporciona al menor la alimentación adecuada a su edad.
  • Se descuidan sus necesidades en el vestido y en el calzado.
  • No se atienden sus necesidades sanitarias (no tener las vacunaciones al día, no proporcionar la medicación a su tiempo y con las dosis indicadas, no visitar al médico cuando se muestren estados de salud deficientes…).
  • Se descuidan las necesidades educativas. Todo lo que implique absentismo escolar se considera negligencia.
  • Descuido en la higiene.
  • Largos periodos sin supervisión del menor por los padres o tutores.
  • Repetidos accidentes domésticos.

Maltrato sexual: cualquier comportamiento en el que un menor es utilizado por un adulto u otro menor como medio para obtener estimulación o gratificación sexual. Se incluyen el voyeurismo, exhibicionismo, tocamientos y penetración. También la inducción de un menor a la prostitución por parte un familiar, aunque la relación sexual se mantenga con terceros.

Maltrato emocional: acción, actitud o incapacidad de proporcionar un ambiente emocional propicio para el desarrollo psicológico, físico que permita lograr independencia y seguridad.

Las actitudes que mantienen los adultos hacia los menores son fundamentales en el caso del maltrato emocional:

  • Conductas de ignorar al menor.
  • Actitudes de distanciamiento, de desapego, o la privación de afectos y de seguridad (maltrato emocional pasivo).
  • Conductas como gritar al menor, enfurecerse con él, regañarles violentamente, amenazarlos (maltrato emocional activo).
  • Inducción en los menores de comportamientos antisociales mediante la realización de actividades inadecuadas en presencia de los niños (emborracharse, drogarse, el menor es testigo de conductas violentas).

Además, debemos incluir:

Maltrato prenatal: conductas realizadas voluntariamente por la madre o personas del entorno familiar, o conductas negligentes que influyen negativamente en el embarazo y repercuten en el feto.

Síndrome de Münchausen por poderes: los padres, frecuentemente la madre, provocan o inventan síntomas orgánicos o psicológicos en sus hijos que inducen a someterlos a exploraciones, tratamientos e ingresos hospitalarios innecesarios. En ocasiones pueden agravar enfermedades o síntomas preexistentes en el niño. El propósito de tales conductas es, entre otros, el de asumir el papel de paciente a través de otra persona. Se ha sugerido que uno de los incentivos de los padres al realizar este tipo de comportamientos es provocar atención y apoyo por parte del personal sanitario. El progenitor implicado busca establecer una relación estrecha con una figura respetable, con autoridad y de apoyo como la que puede representar el médico. Llega a utilizar al niño como un instrumento para establecer y mantener esta relación. La relación del padre/madre perpetrador y el niño afectado es patológica.

Antecedentes históricos

Desde las ciencias sociales, numerosos autores nos revelan que la infancia ha sido el resultado de construcciones históricas y culturales. En la época de Platón, en el mundo grecorromano, la noción de “nutrir”, “alimentar”, “engordar”, estaba vinculada a la crianza de niños y niñas. En latín el término infantia se refiere a la ausencia del habla, al que calla. En diversos pasajes, Platón equipara a los niños y niñas con otros grupos sociales devaluados como las mujeres y los ancianos, hasta con los animales, en oposición al varón adulto, único aspirante legítimo a la condición de ciudadano.

Phillipe Ariés relata que en las sociedades medievales europeas no existía el concepto de infancia tal como hoy lo entendemos. Antes del siglo XVIII los niños y las niñas pasaban muy pronto, apenas superada la época en que necesitaban cuidado para sobrevivir, a integrarse al mundo adulto como “hombres y mujeres enanos”, vestidos como sus mayores y relizando las mismas actividades.

Hasta antes de Sigmund Freud, en muchos aspectos el niño y la niña eran desconocidos como sujetos sociales y mucho menos como sujetos de derechos; del mismo modo, tampoco existía en concepto de adolescencia, que posteriormente se construyó como una realidad social y psicológica particular. Por lo que históricamente, el maltrato a los niños y niñas se identifica como una situación problemática hasta avanzado el siglo XX, cuando Kempe, en 1962, acuña el concepto de “niño apaleado” (batteres child), en referencia al maltrato físico.

No obstante, el maltrato a la infancia ha sido naturalizado, en tanto que existe una aprobación y aceptación cultural del uso de la violencia y del castigo corporal y psicológico en la educación de niños y niñas, y madres y padres están autorizados para ejercerlo dentro del modelo patriarcal. Se reconoce que en los países de europeos y de Estados Unidos los malos tratos llegan a ser causa de muerte en los primeros cinco años de vida. En América Latina y el Caribe, aunque no existen estadísticas oficiales, sabemos por las crónicas policiales y testimonios de profesionales y víctimas que estas prácticas se encuentran convalidadas por diversos actores sociales y toleradas a nivel del Estado, la sociedad y la familia, cada uno de ellos con diferentes justificaciones y grados de responsabilidad.

Las personas maltratadas reproducen frecuentemente la cadena de violencia en otras generaciones. En estas estructuras familiares, muchas veces el padre está ausente y es la madre la que ejerce con frecuencia el trato autoritario hacia los hijos y las hijas, que a su vez tienden a reproducir la violencia con sus hermanas y hermanos menores. En este tipo de estructuras familiares los niños y niñas aprenden a violentar a los más débiles, y los abusos de poder son “naturales”.3)

Los informes de infanticidio, castigos crueles y humillantes, trato negligente y abandono, abuso sexual y otras formas de violencia contra los niños, niñas y adolescentes existen desde la época de las antiguas civilizaciones. Recientemente, la documentación de la magnitud e impacto de la violencia contra los niños muestra con claridad que es un problema global sustantivo y grave. Tiene lugar en todos los países del mundo, en una variedad de formas y entornos, y a menudo está profundamente arraigada en prácticas culturales, económicas y sociales.

Maltrato emocional y/o psicológico

En 1962 los pediatras Droeguemuller, Kempe, Silverman, Silver y Steele, publican un artículo con 302 casos de niños maltratados, de los cuales 33 habían fallecido y 85 habían sobrevivido con lesiones permanentes, conceptualizándose por primera vez el síndrome del niño apaleado. Los primeros estudios remitían particularmente a los malos tratos físicos, posteriormente en 1971 Lukianowicz hablaba por primera vez de los malos tratos psicológicos.

Maltrato psicológico es un término que se usa, en ocasiones, de manera simultánea a otros términos como maltrato emocional, abuso emocional o abuso psicológico, habiendo sido considerado como “la forma más esquiva y dañina de maltrato en la infancia”, representando “el papel central y el factor más destructivo de cualquier forma de maltrato”. La dificultad para identificarlo y definirlo, hace dudar de la precisión de los datos que informan sobre su ocurrencia, sin embargo, es frecuente que se afirme en la literatura que es un problema que sigue en aumento a nivel mundial.

Arruabarrena (1998), define al maltrato emocional como:

“La hostilidad verbal crónica en forma de insulto, desprecio, critica o amenaza de abandono, y constante bloqueo de las iniciativas de interacción infantiles (desde evitación hasta el encierro o confinamiento) por parte de cualquier miembro adulto del grupo familiar”.4)

Cada vez está más aceptado que el abuso y abandono emocional genera un daño en el desarrollo del niño y que este daño se extiende hasta la edad adulta, como así lo avalan una serie de estudios que ponen de manifiesto los trastornos emocionales, de la conducta y cognitivos que se manifiestan en la infancia, adolescencia y edad adulta. Lo complicado de su atención es que el daño ocasionado puede ser evidente hasta años después de que se comete el abuso en el menor.

Otra limitante es la falta de casos legales publicados, al tratarse de una violencia invisible, y hasta socioculturalmente tolerada, en tanto que este tipo de maltrato no genera daños físicos, y al contrario del maltrato físico o sexual, el abusador generalmente suelen ser los padres o cuidadores principales; por ello se genera la preocupación de que, si la protección del niño requiere la separación de la situación, será a costa de romper un vínculo afectivo, aunque sea un vínculo inadecuado.

El maltrato emocional tiene enormes repercusiones en diversas áreas de la personalidad del niño, como son: el área cognitiva, afectiva, interpersonal, conductual y somática. Como consecuencias que se presentan en el mismo periodo en el que se da el maltrato emocional esta el deterioro del autoconcepto y pérdida de autoestima.

Linderfied, Martín y Puig (2000, citados por Ampudia, 2009), consideran que la autoestima es la imagen y el valor que se da el niño a sí mismo. Es una dimensión afectiva que se construye por medio de la comparación y la percepción de sí mismo y del yo ideal, juzgando en que medida se es capaz de alcanzar los estándares y expectativas sociales. Con la pérdida de autoestima, el menor pierde su dignidad, puesto que ha interiorizado el desprecio, las humillaciones a tal grado que se considera merecedor de todo lo malo que le dicen o le sucede.5)

Criterios para delimitación diagnóstica

Para mayor precisión en la evaluación del maltrato emocional, autores como Garbarino (1986), La Asociación Profesional Americana sobre el Abuso Infantil (1995), Garbarino (1996) junto con De Paúl y Arruabarrena (1995), Hart, Brassard y Karloson (1996) y Arruabarrena (2011), han establecido categorías que se encuentran dentro de este tipo de maltrato, así como las conductas de los padres o cuidadores de los niños maltratados manifiestan.

En 1986, Garbarino propone cuatro tipos de indicadores comportamentales de los padres como son: rechazo, aterrorizar, aislamiento e ignorar, para el año 1995, La Asociación Profesional Americana sobre el Abuso Infantil, propone dos categorías más del maltrato emocional que definió como explotación/corrupción y negligencia hacia la salud mental, médica y educativa, mientras tanto Garbarino (1996) junto con De Paúl y Arruabarrena (1995), toman en cuenta las tres primeras categorías propuestas por Garbarino en 1986, omitiendo la categoría ignorar, sustituyéndola por violencia doméstica extrema y/o crónica. En 1996, Hart, Brassard y Karloson definen pautas comportamentales más específicas en las seis categorías que propone La Asociación Profesional Americana sobre el Abuso Infantil, por último en el año 2011 Arruabarrena incluye tres categorías a las que propuso en 1995 junto con Garbarino y De Paúl, las cuales son sobreexigencia, restricción de la autonomía y transmisión de impredecibilidad, inestabilidad e inseguridad respecto al futuro inmediato, únicamente omitiendo la categoría, violencia domestica extrema y/o crónica.6)

Montserrat Guardiola describe cinco categorías del abuso emocional hacia el menor:

  1. Falta de disposición emocional, falta de respuesta y abandono; incluye insensibilidad parental. El cuidador principal está normalmente preocupado por sus propias dificultades tales como su salud mental, sus problemas con las drogas o sus insoportables compromisos laborales. Son por tanto incapaces de responder a las necesidades emocionales de los hijos sin capacidad de proporcionarles alternativas adecuadas.
  2. Atribuciones negativas o pobres hacia el niño; muestras de hostilidad, de desprecio y rechazo hacia el niño que es percibido como merecedor de ellas. Algunos niños crecen y actúan conforme a estas atribuciones que se han depositado en ellos.
  3. Interacciones inapropiadas o inconsistentes respecto al desarrollo del niño; expectativas por debajo de las capacidades que el niño posee por su desarrollo; sobreprotección y limitación de la exploración y del aprendizaje; exposiciones hacia hechos o interacciones que le pueden confundir o traumatizar (exposición a violencia doméstica, por ejemplo) Las interacciones con los hijos, aunque dañinas, son irreflexivas y equivocadas más que con intención de causar daño.
  4. Fracaso en el reconocimiento de la individualidad del niño y de los límites psicológicos; utilizando al niño para satisfacer las necesidades de los padres; falta de habilidad para distinguir entre la realidad del niño y las creencias y deseos del niño; esta categoría se aprecia cuando existen conflictos en el divorcio de los padres.
  5. Fracaso para fomentar la adaptación social del niño; fomentando la falta de socialización (incluyendo la corrupción), el abandono psicológico (fracaso para proporcionar una estimulación cognitiva adecuada y / u oportunidades para el aprendizaje); incluye tanto la acción como la omisión, incluye el aislamiento del niño e involucrarle en actividades criminales.7)

Para evaluar si el menor está expuesto a algún tipo de maltrato se debe tomar en cuenta lo siguiente:

  1. Comprobar el estado mental del menor, con el objetivo de identificar si existen indicadores de psicopatología.
  2. Determinar las consecuencias que afectan las diversas áreas del desarrollo del menor, para así identificar el tipo de maltrato que esta viviendo.
  3. Evaluar la utilidad de las pruebas psicológicas que se utilizaran para identificar el maltrato y sus efectos.

Es de suma importancia abordar la problemática a la menor sospecha de maltrato, nunca negar su existencia, ya que, si el menor no lo ha experimentado actualmente, puede estar emitiendo signos de alarma, lo que puede evitar que posteriormente se desencadene el maltrato hacia el menor.

En el diagnóstico del maltrato se debe describir detalladamente al menor en todas sus facetas y a los actores involucrados, para que pueda ser válido y confiable. Ampudia (2009), menciona que las áreas de desarrollo del menor que se deben de evaluar son: el área cognitiva, afectiva, interpersonal, conductual y somática.

Etiología

No existe un solo factor que pueda explicar la presencia y el ejercicio del maltrato infantil. Se trata de un problema multifactorial. Entre los factores de riesgo más comunes para que se desencadene la conducta de maltrato, encontramos los denominados personales: estos se encuentran arraigados en roles sociales que establecen relaciones de supra y subordinación que tienen como resultado relaciones abusivas de poder.

Otro factor desencadenante del maltrato infantil que se puede mencionar es el aspecto biológico, como lo pueden ser las características de las víctimas o del agresor con capacidades especiales o diferentes, al igual que los psicológicos y de comportamiento.

Un factor más es la imitación o el aprendizaje de las conductas o formas de relacionarse, lo que puede afectar el comportamiento futuro de cada persona. Tanto la violencia social como la violencia familiar y el maltrato infantil parecen tener repercusión en la probabilidad que una persona pueda reproducir los actos de maltrato y violencia.

También podemos señalar los factores familiares, ya que el hogar es el primer núcleo social de convivencia y organización, y en el que desde tiempo atrás se ha manifestado el problema de la violencia. Los que en este ámbito se pueden identificar como factores de maltrato son: la situación económica y los ingresos familiares, el desempleo, el número de integrantes, el número de personas que viven en un hogar o espacio familiar, el numero que se ocupa entre los descendientes, los hijos no deseados, la preferencia afectiva por alguno de los hijos, la historia de vida de los integrantes cuando han sufrido maltrato y violencia, las diferencias conyugales, la separación o el divorcio, la enfermedad entre sus integrantes, las discapacidades, los problemas de aprendizaje de los hijos, los usos y costumbres familiares aprendidas, entre los más importantes.

Otras de las características de los padres se incluye pobres habilidades parentales, abuso de sustancias, depresión, intentos de suicidio u otros trastornos psicológicos, baja autoestima, pobres habilidades sociales, estilo educativo autoritario, falta de empatía, estrés social, violencia doméstica y disfunción familiar. Un número importante de estudios ponen de manifiesto que un trastorno afectivo en la madre y/o el abuso de sustancias correlaciona significativamente con interacciones verbales agresivas entre los padres y sus hijos.

Finalmente, insistir en que niños en riesgo son aquellos cuyos padres están inmersos en un divorcio contencioso, niños no queridos o no planificados, niños cuyos padres son inexpertos o poco hábiles en su paternidad, padres con problemas de abuso de sustancias, padres que abusan de animales, niños expuestos a violencia doméstica, niños aislados socialmente o discapacitados

Un caso del daño que ocasiona la violencia emocional y/o psicólogica infantil

Ya hemos mencionado que la violencia psicólogica y/o emocional en la infancia produce afectaciones en el corto, mediano o largo plazo de vida del individuo. Para ejemplificar la manera en que éste tipo de violencia afecta en la vida futura de quien sufrió dicho maltrato, presentamos el caso de Blanca, una joven mujer de 30años de edad, quien actualmente es académica de una universidad como profesora de Química. Ella sufrió violencia emocional por parte de sus padres durante su niñez, y a consecuencia de esto, en su vida adulta presenta problemas de autoestima, así como en sus relaciones de pareja. Como testimonio de vida, Blanca narra lo siguiente:

Hace dos años y medio todavía añoraba o guardaba luto por una relación de pareja que tuve. Si se le puede llamar noviazgo, porque nunca fue eso formalmente. Un noviazgo implica el consenso de dos personas para querer estar juntas; la posibilidad de conocerse mutuamente, y eso nunca pasó. Esa relación de pareja había terminado hacia mucho, como dos años atrás, pero a pesar de tanto tiempo pasado, yo aún seguía triste, añoraba a esa persona. Pensaba que no habría nadie más después de él. Me sentía mal conmigo misma, tan fea que nadie podía aceptarme. Yo no merecía el cariño de nadie. Me acercaba al sexo masculino con mucha ansiedad para terminar siempre con personas inadecuadas, quienes por alguna razón nunca podían darme el cariño o la comprensión de pareja que yo necesitaba.

Decidí estar con Jaime porque me sentía fuertemente atraída por él y me parecía un hombre interesante; además creí advertir en él varias cualidades que yo buscaba en el hombre con el cual compartiría mi vida. Durante mi relación con él lo idealice y dejé de ver las cosas como en realidad eran; cambie mucho mientras estuve con él. Primero comencé hacer todo para que se fijara en mí y me necesitara; como era mi compañero de clases yo lo ayudaba en sus tareas, le hacía sus trabajos y demás. Yo siempre fui una niña muy aplicada, así que con gusto lo dejaba copiar en los exámenes. Eso alejó a mis amigos, que se enojaban porque yo hacía todo por Jaime. Él a pesar de mis esfuerzos, siempre mostró desinterés. Con bastante frecuencia me dejaba esperándolo, a veces no llegaba. Yo lo justificaba porque imaginaba que él hacia todo lo posible por llamarme pero que algo fuera de su control se lo impedía. Y cuando le preguntaba por qué me había plantado, siempre tenía una excusa: se le olvido o no tuvo tiempo; sus respuestas reflejaban un completo desinterés.

Cambié hasta mi forma de vestir, cuando estaba con Jame empecé a usar ropa más femenina y accesorios, me corté el cabello y hacía ejercicio para verme bien. También hice cosas no tan buenas, reprobé materias porque pasaba mucho tiempo con él y descuidé la escuela; me iba de pinta, tomaba alcohol, hacia cualquier cosa con tal de demostrarle a Jaime que era linda y divertida. Dejé de ser yo para tratar de ser alguien que el agradara a él, trataba de agradarle en todos los sentidos y me perdí en el camino.

Terminamos cuando yo me fui a estudiar la maestría a otra ciudad y nos empezamos a ver con menos frecuencia. Cuando rompimos era el día de mi cumpleaños, y yo venía de viajar seis horas con tal de pasar el día con él. Yo siempre quise una vida a su lado, y a pesar de percibir que él no tenía ningún interés y que lo nuestro no progresaba, yo insistía mucho. Cuando nos vimos peleamos mucho, y él me confesó que había conocido a alguien más.

De pronto, ante su rechazo, reviví la desagradable y dolorosa forma en que mi padre me rebajo durante mi infancia y juventud. Debido a su alcoholismo, mi papá no pudo hacer más que expresar disgustos a causa de sus hijos. Sin embargo, durante mucho tiempo yo busqué su aceptación. Inclusive ahora me pregunto si no sigo pretendiendo su aprobación, aunque hace tiempo que comprendí el daño que esto me hizo y trato de dejar de preocuparme por sus comentarios y reacciones.

Mi relación con mi madre ha sido difícil, me preguntaba qué hacer con mi padre y su alcoholismo, me delegó la responsabilidad de madre con mis hermanos. Ella tiene la costumbre de chantajearme, me comenta que si ella tuviera la posibilidad se compraría tal cosa, y en el fondo me lo dice con la intención para que yo se lo regale. Me siento utilizada por ella…

Para estar bien, trabajé la relación con mi padre. Ante el alcoholismo de él, en mi casas desde niña sólo recuerdo gritos e insultos. Mi coraje ante él era tanto, que sentía que lo odiaba. Yo no entendía por qué él era así, por qué me trató de esa manera. Yo era una niña muy aplicada, me portaba bien, hacía lo que mis padres ordenaban, me vestía como ellos querían, no exigía nada, para no causar problemas. A pesar de ello, mi papá no se sentía a gusto con los hijos que tenía, y yo, inútilmente buscaba su aceptación. Era increíble todo lo que yo hacía para agradar a mi padre, por ser como él quería que yo fuese.

Padezco de astigmatismo, el cual, según los médicos, es hereditario. Sin embrago, cuando me lo diagnosticaron en la primaria y me pusieron lentes mi padre se enojó y me regañó; me estuvo insultando durante mucho tiempo, me agredía diciéndome que era una ciega, que nadie de su familia era ciego, me decía “cuatro ojos” y se burlaba de mí cuando estaba tomando; eso es algo que me ha causado mucho dolor a lo largo de mi vida, pues entonces yo era sólo una niña.

Al terminar la prepa decidí estudiar Química, aunque mi padre se burló mucho de mí. Fue muy doloroso porque yo hacía todo por agradarle, en cambio, él me rebajaba, me decía que no iba a poder conseguir un trabajo con esa profesión. Incluso me apagaba la luz en las noches para no dejarme estudiar, se burlaba de mí cuando estaba borracho me decía: “Quimiquilla, ¿de qué te va servir eso?, te vas a morir de hambre, no vas a ganar dinero, nadir te va a dar trabajo”.

Mi madre siempre me decía “atiende a tu papá, ve a tu papá, si tu papá dice que sí, esta bien, si no, no vamos”. Por eso siempre buscaba la aprobación de mi papá, lo cual nunca sucedió, pese a todos mis esfuerzos. Lao mismo me pasó con Jaime, y en general, con las relaciones de pareja que he tenido: siempre tratando de complacer al otro, sin importar que aquello fuera en contra de mis deseos o intenciones, sentía que para que me quisieran tenía que darles todo y agradarles en todo, hacer cualquier cosa para que estuvieran contentos.

Desde niña hacia muchos esfuerzos para ser aceptada por los demás, porque pensaba que lo que hacía o lo que yo era, no era suficiente, además de no ser bonita. Sentía que nadie me quería, aprendí a no quererme. Cuando alguien llegaba a mi vida, parecía normal que me maltratara o no me mostrara cariño pues yo estaba habituada a eso, y a que en las relaciones de pareja es normal que te traten mal… También estaba acostumbrada a la tristeza.8)

Niveles de severidad

Ecuanimidad

Neurosis

Psicosis

1)
Organización Mundial de la Salud, Maltrato Infantil, Nota descriptiva, núm.150, agosto de 2010, en http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs150/es/index.html (17 marzo de 2012).
2)
María de Montserrat Pérez Contreras, “Violencia y maltrato infantil en la familia: una reflexión actual y prospectiva”, en Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM. Publicación electrónica , número 8, 2013, Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. http://biblio.juridicas.unam.mx
3)
Castillo Irene y Azia Claudio., Manual de género para niñas, niños y adolescentes (mayores de 12 años) , Buenos Airers, Centro Cultural de España en Buenos Aires/Agencia Española de ACooperación Internacional para el Desarrollo (CCEBA/AECID), 2010, PP. 15-19.
4)
Arruabarrena, 1998, pág. 31
5)
Maricela Ramírez González, Maltrato emocional dentro del ámbito familiar y su relación en la autoestima de los niños , en Tesis que para obtener el título de licenciada en psicología, Universidad Autónoma del Estado de México. Facultad de Ciencias de la Conducta, México, Toluca, 2015, p. 11.
6)
Ibidem, p.43.
7)
Op. Cit, 2006, pp. 110-111.
8)
Bonnie Grossman, Cómo sanar de amores difíciles, pp.109-118.
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